Lo que revela la ciencia sobre el eje boca-intestino-cerebro
- 23 jul
- 7 min de lectura

¿Puede una enfermedad de las encías afectar al intestino y al cerebro?
La ciencia está revolucionando nuestra forma de entender la salud. Lo que ocurre en tu boca podría tener repercusiones en otras partes del organismo, incluido el intestino e incluso el cerebro. Aunque todavía quedan muchas preguntas por responder, las investigaciones más recientes sitúan a la periodontitis en el centro de una conexión que hasta hace pocos años era desconocida. Descubre qué es el eje boca-intestino-cerebro y por qué este hallazgo está despertando el interés de la comunidad científica internacional.
La boca ya no se entiende como un órgano aislado
Durante muchos años, la odontología y la medicina avanzaron por caminos paralelos. Las enfermedades de la boca se trataban como problemas exclusivamente dentales, mientras que las patologías digestivas, cardiovasculares o neurológicas eran competencia de otros especialistas. Sin embargo, la investigación científica está demostrando que esa visión está cambiando.
Cada vez existen más evidencias de que nuestro organismo funciona como una red de sistemas interconectados. La inflamación, la microbiota, el sistema inmunitario y el sistema nervioso mantienen una comunicación constante, de manera que una alteración en una parte del cuerpo puede repercutir en otra aparentemente muy alejada.
Uno de los conceptos que más interés está despertando en la comunidad científica es el denominado eje boca-intestino-cerebro, un modelo que estudia cómo la salud de las encías puede influir en el equilibrio de la microbiota intestinal y cómo esta relación podría participar en determinados procesos inflamatorios relacionados con la salud cerebral.
Este modelo fue desarrollado en una revisión científica publicada en la prestigiosa revista Frontiers in Aging, titulada Oral-Gut-Brain Axis in Experimental Models of Periodontitis: Associating Gut Dysbiosis With Neurodegenerative Diseases, donde investigadores de diferentes universidades recopilaron la evidencia experimental disponible sobre esta conexión.
Precisamente este tema ha vuelto a cobrar protagonismo tras ser comentado por Xevi Verdaguer durante el Congreso Europeo de Medicina Psicosomática (EAPM Florence 2026), donde defendió la necesidad de comprender la salud desde una perspectiva integrativa y multidisciplinar.
Aunque todavía queda mucho por investigar, el mensaje es claro: cuidar las encías podría ser mucho más importante de lo que imaginábamos.
¿Qué es exactamente el eje boca-intestino-cerebro?
Para entender este concepto debemos dejar atrás la idea de que la boca es un sistema independiente del resto del organismo.
Nuestra cavidad oral alberga cientos de especies de bacterias que forman parte de la microbiota oral. En condiciones normales, estas bacterias conviven en equilibrio y desempeñan funciones esenciales para la salud. El problema aparece cuando ese equilibrio se rompe.
La periodontitis provoca una alteración profunda de esa microbiota. Algunas bacterias aumentan de forma descontrolada y desencadenan una inflamación crónica de los tejidos que rodean al diente. Pero el proceso no termina ahí.
Cada día tragamos enormes cantidades de saliva junto con millones de microorganismos procedentes de la boca. Según recoge el estudio, una persona puede ingerir cerca de 10 bacterias diariamente, lo que convierte a la cavidad oral en una fuente continua de microorganismos que llegan al aparato digestivo.
Durante mucho tiempo se pensó que estas bacterias simplemente eran destruidas en el estómago. Sin embargo, diversos modelos experimentales muestran que determinadas bacterias asociadas a la periodontitis pueden alterar el equilibrio de la microbiota intestinal y favorecer un estado conocido como disbiosis.
La periodontitis es mucho más que una enfermedad de las encías
Cuando hablamos de periodontitis, muchas personas piensan únicamente en sangrado de encías o pérdida de dientes. Sin embargo, la realidad es bastante más compleja.
La periodontitis es una enfermedad inflamatoria crónica causada por un desequilibrio de la microbiota oral.
Esa inflamación no permanece únicamente alrededor de los dientes. El organismo responde activando diferentes mecanismos inmunitarios que pueden mantener un estado inflamatorio de bajo grado durante largos periodos de tiempo.
Precisamente esa inflamación crónica es uno de los aspectos que más preocupa actualmente a la comunidad científica. En los últimos años se ha relacionado con enfermedades cardiovasculares, diabetes, obesidad y otras patologías sistémicas. Ahora, además, se está investigando cuál puede ser su papel dentro del denominado eje boca-intestino-cerebro.
Esto no significa que una persona con periodontitis vaya a desarrollar necesariamente otras enfermedades. Significa que la salud periodontal podría convertirse en un factor más dentro de un complejo conjunto de elementos que influyen en la salud general.
¿Qué ocurre cuando las bacterias de la boca llegan al intestino?
El intestino alberga una comunidad inmensa de microorganismos beneficiosos que participan en funciones esenciales como la digestión, la producción de determinadas vitaminas, la regulación del sistema inmunitario o el mantenimiento de la barrera intestinal.
Cuando bacterias procedentes de una boca con periodontitis llegan de forma repetida al aparato digestivo, algunos estudios experimentales muestran que pueden modificar el equilibrio normal de esa microbiota.
Los investigadores observaron alteraciones en diferentes grupos bacterianos, modificaciones en la producción de sustancias protectoras conocidas como ácidos grasos de cadena corta y un aumento de marcadores inflamatorios. Todo ello favorece un fenómeno denominado disbiosis intestinal, es decir, una pérdida del equilibrio natural de la microbiota.
La microbiota intestinal desempeña un papel mucho más importante de lo que se pensaba hace apenas unos años. Hoy sabemos que influye en el metabolismo, en la regulación del sistema inmunitario e incluso en la comunicación con el sistema nervioso.
Por ello, cualquier alteración mantenida en el tiempo merece ser estudiada con atención.
La inflamación es el verdadero punto de conexión
Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que no centra toda la atención en las bacterias, sino en la respuesta inflamatoria que estas desencadenan.
Cuando la microbiota intestinal pierde su equilibrio, aumenta la actividad del sistema inmunitario. Como consecuencia, determinadas células comienzan a liberar moléculas inflamatorias cuya función inicial consiste en proteger al organismo.
El problema aparece cuando esa respuesta deja de ser puntual y se mantiene durante meses o incluso años.
Los autores plantean que este estado inflamatorio persistente podría convertirse en un elemento común capaz de conectar la salud periodontal, la microbiota intestinal y determinados procesos que afectan al sistema nervioso central.
Esta hipótesis resulta especialmente interesante porque coincide con una de las líneas de investigación más importantes de la medicina actual: comprender cómo la inflamación crónica de bajo grado participa en el desarrollo de múltiples enfermedades.
¿Qué relación podría existir con el cerebro?
Esta es probablemente la pregunta que más curiosidad despierta.
El estudio propone varios mecanismos mediante los cuales la inflamación y las alteraciones de la microbiota podrían comunicarse con el cerebro.
Por un lado, el sistema inmunitario libera moléculas inflamatorias que pueden influir sobre diferentes tejidos. Por otro, existe una comunicación constante entre el intestino y el cerebro a través del nervio vago y de otras vías nerviosas. Además, determinadas sustancias producidas por la microbiota intestinal también participan en esta compleja comunicación.
Los investigadores plantean que todos estos mecanismos podrían favorecer procesos de neuroinflamación, un fenómeno que actualmente se investiga en enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.
Sin embargo, es importante ser rigurosos.
El estudio no demuestra que la periodontitis cause Alzheimer ni otras enfermedades neurodegenerativas. Lo que plantea es que la periodontitis podría ser uno de los múltiples factores que participan en un proceso biológico mucho más complejo y que todavía continúa investigándose.
Esta diferencia es fundamental para interpretar correctamente la evidencia científica.
Un cambio de paradigma en la odontología
Durante décadas, el objetivo principal del tratamiento periodontal fue conservar los dientes y evitar la pérdida de hueso.
Hoy ese objetivo sigue siendo prioritario, pero la visión ha cambiado.
Cada vez entendemos mejor que mantener unas encías sanas también significa reducir una fuente de inflamación crónica que puede repercutir sobre el resto del organismo.
La odontología moderna ya no puede separarse de la medicina. Del mismo modo que un endocrino tiene en cuenta la alimentación o un cardiólogo valora los hábitos de vida, el periodoncista también forma parte de un equipo de profesionales que trabajan por la salud integral del paciente.
Por eso cada vez resulta más frecuente hablar de colaboración entre odontólogos, médicos digestivos, endocrinos, neurólogos, nutricionistas y psicólogos. La salud ya no puede dividirse por órganos independientes.
La prevención sigue siendo la mejor herramienta
Una de las mayores dificultades de la periodontitis es que suele avanzar de forma silenciosa.
Muchas personas conviven durante años con inflamación de las encías sin ser conscientes de ello. El sangrado durante el cepillado suele normalizarse y el mal aliento persistente se atribuye a otras causas. Mientras tanto, la enfermedad continúa destruyendo lentamente los tejidos que sostienen los dientes.
Acudir periódicamente al dentista permite detectar estos cambios antes de que aparezcan consecuencias irreversibles. Una revisión periodontal completa no solo ayuda a conservar la sonrisa, sino que también contribuye a reducir uno de los principales focos de inflamación crónica del organismo.
La prevención continúa siendo la herramienta más eficaz para proteger tanto la salud bucodental como la salud general.
La ciencia nos recuerda que todo está conectado
El concepto del eje boca-intestino-cerebro representa uno de los avances más interesantes de los últimos años en el ámbito de la investigación biomédica.
Todavía quedan muchas preguntas por responder y será necesario desarrollar nuevos estudios clínicos que permitan comprender mejor estas relaciones. Sin embargo, la evidencia disponible ya invita a cambiar nuestra forma de entender la salud.
La boca no funciona de manera aislada. Forma parte de un organismo donde la inflamación, el sistema inmunitario, la microbiota y el sistema nervioso mantienen una comunicación constante.
Cuidar las encías no consiste únicamente en evitar perder dientes. Significa proteger una parte fundamental de nuestra salud.
Referencia científica
Sansores-España LD, Melgar-Rodríguez S, Olivares-Sagredo K y colaboradores. Oral-Gut-Brain Axis in Experimental Models of Periodontitis: Associating Gut Dysbiosis With Neurodegenerative Diseases. Frontiers in Aging. 2021.
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